jueves 16 de febrero de 2012

Clasificados

Ella era colorada natural y aborrecía las aberturas de aluminio, las casas "de estilo", las descripciones eufemísticas de los avisos inmobiliarios. Además de una información resumida, había que ponerle aditivos como "imperdible", "impecable", "pequeños arreglos", a una propiedad de precio razonable, común y destruida, respectivamente. Siempre había detestado esa sección del diario local que mas que inútil, le parecía un retroceso de la escritura occidental. Pero cierta vez le tocó cubrir a una compañera y no pudo negarse. Así que hizo una inspiración profunda -de las que ahora recomiendan terapeutas y matronas en el curso preparto- y se dedicó al género más detestable. Sobre todo porque, antes de la época de twitter, tener que describir tanto en tan pocos caracteres le resultaba una tarea inabordable. 

Le llegaban las descripciones de las agencias y las inmobiliarias y ella tenía que ponerles color, precisión y gancho, una tarea de reconstrucción plástica, porque lo hacía basándose en planos y en fotos mal sacadas con celulares de poca batería. Así que para lograr un trabajo de calidad comenzó a hacer las visitas in situ. Entonces no sólo confirmó que la gente adula, duplica metros y llama luminoso a un pozo, sino que muchas veces miente descaradamente. Tres dormitorios que eran dos y un pasillo ancho. Un apartamento "coqueto", un contrafrente inmundo, segundo por escalera. Cosas por el estilo. También descubrió a los escuetos y a los tacaños: esos que no ponían ni un dato de más ("Padrón único. Garage. 155 mil") y los barrios repentinamente extendidos (Pocitos llega hasta el Estadio Centenario, Palermo Horse es Caballito, esas cosas que pasan en todas las ciudades del mundo). 

Le daba tantas vueltas al asunto de la verdad que terminó por creer que los avisos eran géneros literarios como las reestructuraciones, los rompimientos amorosos y algunas explicaciones para niños. La verdad pura y dura no estaba de moda. O todo iba en nombre de la publicidad y su revés, el temor de herir o de quedar como un idiota.

Un día de mucho calor y apagón eléctrico pensó otra cosa: que más allá de todo, la verdad era bella y apabullante y que había un punto de equilibrio exacto para afrontar la realidad. La prudencia no era ficción, ni un disparo de pintura en el espacio abierto, ni la maleza tapando el desagüe del patio vecino.

sábado 11 de febrero de 2012

Parada


Estoy en una de esas semanas. Agreguen a las viñetas de Enriqueta dos chiquitos saltando alrededor, y un bondi lleno de gente, y la cola del super, y la espera en la peluquería.
Estación: McEwan, Próxima estación: Armonía Somers.

lunes 2 de enero de 2012

El amor cambiará al mundo

Mi hermano J. y yo coincidimos con que esta es una ciudad hermosa para el que no vive todo el año en ella, como nosotros dos. Cada vez que venimos, nos quedamos maravillados.
En estas vacaciones, que empezaron hace diez días, me hice experta en zona norte del GBA. Por ejemplo, el recorrido Tigre-Retiro del tren Mitre está lleno de encantos y novedades: esas casas elegantes cubiertas de enredaderas, la prolijidad desprolija de las fachadas, las modernas y estéticas construcciones, los jardines y esos andenes llenos de mosquitos, verjas y flores.
Tigre está espléndido. Tiene una belleza de pueblo viejo que supo ser el lugar elegido para vacaciones y regatas hace un siglo, y ahora es un suburbio con un encanto único: en una vereda, un bar al lado del otro; en la otra, el río, bancos y glorietas, y varios grupos de familias que cada noche se llevan sus reposeras, sus mesas, comen, charlan y toman mate al lado del agua. El viernes por la noche caminábamos por el paseo Victorica, y por un segundo pensé que no estábamos en un conurbano inseguro. (¿O la inseguridad es solo una "sensación"?)
De todos los encantos de la zona norte y el ramal Tigre, me quedo con el hombre del acordeón. Sube en Acassuso, baja en Olivos, y toca tangos y rancheras, y al final, entre tema y tema, grita paseando por los vagones, con una entonación de canillita anunciando las noticias:
"El amor... cambiará...al mundo"..."El amor... cambiará....al mundo"
El 2012 empieza así, como el del acordeón, con un optimismo callejero.

martes 13 de diciembre de 2011

Presume de niño...

Hoy hice algo de mamá new wave, fanática y práctica a la vez. Puse a S. en un concurso de fotos de una marca de pañales...y me gané un mes entero de mercadería. Mi conclusión es que, además de que mi orgullo y presunción no tienen límites, es lo segundo que gano en esta semana además de la envidiable -lo sé- residencia uruguaya, y todo gracias a mi oriental favorito.
Además del bebé, por supuesto, lo máximo es el fotógrafo.

http://babysec.com.uy/galeria.html

pd: "Presumir" es un verbo muy poco usado en el Río de la Plata. Acá suena a Nelly Olson, de La familia Ingalls. Nelly y sus bucles eran la imagen de la presunción de mi infancia y yo hoy vengo a imitarla con este desplante de rubiedad ojizarca.

lunes 12 de diciembre de 2011

Temporada de playa urbana

Hoy me di cuenta que adoro vivir en una ciudad con playa. Lo supe cuando bajé a la arena del mediodía con F. a buscar el agua dulce de este mar. Miré a mi alrededor y vi a toda la tercera edad de Pocitos en traje de baño y sombreros de Tienda Inglesa. Y las sombrillas, y las esterillas y dije: me voy a comprar todo el equipo, quiero sentarme en la reposera en la orilla con los pies en el agua, mirando por debajo de la visera. La arena es casi el único juego que lo tiene a F. entretenido por horas, seguí, y no hay mejor charla que la que se tiene mirando el mar. Y no puede combinarse de mejor manera la vida cotidiana y la naturaleza...
Me quedé pasmada descubriendo mi lado oculto playero cuando pensé que me conocía hace kilómetros, de hito en hito, de palmo a palmo. Aunque hay otras cosas que me indicaran lo contrario, por ejemplo, que salí a las doce, con un sol de justicia, la piel muy blanca y sin pantalla solar. 
Así que empiezo  como nueva esta temporada de playa urbana: un lado oculto al descubierto y una reconversión a pielroja.

miércoles 7 de diciembre de 2011

Veranera


Ahora llegan el calor, y el fin de año, y la negación de la hipoteca. Un puñado de alumnos que no captan las ironías de Coetzee ni la transgresión de Lange, que no entieden el sentido contrario, que no despegan la nariz del papel, que no han crecido. Educas lectores que estudian de apuntes de apuntes, que leen los argumentos y van así a los exámenes (cuántas veces lo hiciste, te preguntás, y recordás todas esas lecciones sin suerte) y que plagian a wikipedia, y que lo hacen "sin intención". Y la aerobic girl que, entre chumba-chumba, te grita el último asalto del día, el complot que tiene la policía de la ciudad con los chorros, mientras que el gimnasio tiene la puerta de entrada abierta, de par en par, sin seguridad ni timbre y los dueños toman mate en la vereda (si supieran...).

Ves terminar el año del sacudón mundial, de la belleza de ojos azules de tu casa, de los desafíos íntegros a los que te dispones a diario, de lo importante de ser honestamente político.

Y llega el verano de a poco, con los tambores de fondo, como siempre, con unas visitas increíbles, con malas noticas en la calle, con excelentes dentro de casa: el jueves, el día de la Virgen, no es feriado religioso, pero tu hijo saldrá con su disfraz de indiecito sioux a cantar a una calle cortada para la fiesta, cruzada por banderines, y esa será la representación de la gloria, aunque nadie lo sepa. Y llegará la Navidad del sur, la auténtica, con sandalias y palmeras y vestidos de breteles y fuegos artificiales. Verás el cuadro de la huida a Egipto y pensarás -como cada vez que lo ves- que esa es nuestra vida, la de toda la humanidad, a la huella a la huella, como en el villancico criollo.

Todo podría resumirse en esto o en otras tantas cosas: por ejemplo, que una alumna de Estella se te haya acercado para decirte que se amigó con los clásicos gracias a tus clases, que han sido unas clases estupendas... y pensarás que su examen oral fue mejor que cualquiera de tus magistrales, y aprenderás de la mejor lección. 

Porque se siembra en lo imprevisto, cuando se transmite la pasión por la tierra prometida. Has llegado a la costa del Lacio, o a la de Ítaca,-para el caso, una isla o la playa- derrumbado y envejecido, cuando todavía faltan más pruebas (Turno, los pretendientes), y así y todo, nada te detiene: bien se sabe que los augurios están de tu lado.

domingo 30 de octubre de 2011

Torre-barro

Ahí están  esos que no tienen tiempo ni para pensar, atareados, criando, delirando con un fin de semana solos en un parador turístico, a miles de kilómetros del sueño interrumpido. Ahí están: los que la reman incansablemente y logran ese fin de semana, y vuelven renovados, y llegan a hacer más de lo que se sentían capaces, y piensan bastante. 

Ahí están los que dan tanto que no se encuentran a sí mismos, los que se encuentran tanto que no se dan. Los que logran la torre de marfil en medio de la pila de ropa tirada, y los rompecabezas desarmados en la alfombra. Los que sólo ven rompecabezas desarmados y pilas de ropa tirada, y se convierten en figuras de barro.

Luego están los que nos creemos estar más allá de todo esto, y podemos hablar en tercera del plural, cuando es exactamente lo que les pasa a ellos, y a nosotros, torres de marfil y figuras de barro. Logramos media hora de juego interrumpido y una hora de lectura sin pausa con la misma fascinación, y con la misma dificultad.