lunes, noviembre 23, 2009



Hay gente que dice lo que piensa; otros que pueden escuchar los pensamientos ajenos y también existen personas como Vivi, que va siempre con sus auriculares y canta en voz alta las estrofas del tema que escucha.
El otro día, en esta calle, de camino a casa, Vivi se cruzó con una fila de señoras y sus bolsas de la compra. Pesadas como charlatanes, lentas como en una procesión. Al pasar a su lado, le tocó entonar:

Ni un centavo te cuesta este beso,
pues mi alma lo paga...

Loca!
fue lo más suave que le gritaron, siempre hacia adentro.

domingo, noviembre 22, 2009

La semana en dos frases

Una explosión de empatía: de eso están hechas las conversaciones femeninas.

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Seremos cada una un ratón de ciudad y otro del campo, pero ratas de biblioteca al fin.

jueves, noviembre 19, 2009

Gaudete


Hace unos días me llegó un mail desde Washington:

"no pude parar de leerla" decía de mi tesis, y el comentario me pareció un poco demasiado. Era de mi hermano mayor -todo él, una hinchada personal-, que lo decía como el devorador de libros que es, como un asiduo amante de la biblioteca de Babilonia, como mentor número uno de este blog. Entonces entendí que sólo para algunas cosas vale un trabajo así: para que Julián entienda los guiños personales de la lectura (y para que me sugiera cosas) y para que F., tan bello, agarre con sus manos y sus piernas tambaleantes el ejemplar, compañero de su despertar, del que además es coautor.

martes, noviembre 17, 2009

Un pendiente colgando de la India


Con esa misma cara (¿dura?) cingalesa cuenta las anécdotas más dolorosas de su familia con humor. Hasta las borracheras y delirios de su padre, la capacidad de su madre de exagerarlo todo y de convertir en mitos historias corrientes, y la muerte garcimarquina de su abuela Lalla, con la que se conecta especialmente a lo largo de la historia (ella y las flores que robaba de todos los jardines públicos; su pecho de esponja que el perro se comió).

No hay odio, ni trauma ni escarbar en los complejos: aquí hay luz y belleza, y una vida entendida a la ligera y a la profunda, llena de ironía. Ésta es la autobiografía de Ondaatje que me devoro de nuevo y que entiendo más (¿qué es lo que cambió acá adentro en cuatro años? No sé, pero ahora todo lo que cuenta me hace reír).

Una de dos: o su familia se enojó para siempre después de este libro (muertos de rabia y de vergüenza) o, desde el principio, se desternillaron con él.

Lean, huelan, disfruten Running in the Family (al español, Cosas de familia).

lunes, noviembre 16, 2009

Fondo de pantalla

Leo La cripta de los capuchinos (increíble Joseph Roth) y me pierdo en las similitudes. La aristocracia decandente es el consumo y el sobreabastecimiento que empiezan a menguar; el de Francisco José, el actual imperio imaginario (ser o no ser occidente).

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El viernes, La omisión de la familia Coleman en Pamplona. Una obra amateur de Boedo. Qué genial decir que fue imperdible cuando no me la perdí. Fue una tensión constante, un desequilibrio entre un lado y otro de la locura y la cordura. Y esa vorágine actoral, y esas palabras y giros locales, y la bomba de relojería que parecía a punto de estallar y que finalmente no lo hizo.
La incomunicación es una tragedia con visos de humor.

viernes, noviembre 13, 2009

Porcentajes

Nos pusimos a hablar en el autobús porque nuestros bebés van a la misma guardería. Es de las pocas madres que saludan amistosas, mientras que las otras andan siempre apuradísimas. Dijo que me sentara a su lado y yo descarté unos 40 minutos de lectura ideal cruzando la ciudad. Me preguntó adónde iba y yo a la policía, por lo de los trámites de extranjería, bla y bla. A ella la acaban de despedir de la Once y se iba al INEM, por lo del desempleo. También me habló de Asier, su bebé, el más sonriente de la clase. Y sí, le di la razón, lo es.

Cuando dijo lo de la Once le pregunté: ¿es por la vista? El ojo oscuro y profundo, hundido en el lado derecho de su cara y tapado por un mechón de pelo, me dio la respuesta obvia. Hizo un gesto, me contó cómo la habían despedido después del embarazo, dijo leches entre dientes, y siguió hablando: sí, tengo un 34% de discapacidad.

Entonces preguntó por mi trabajo y, un poco incómoda le dije que hacía el doctorado....tesis....contrato...uni...también estoy en paro, casi en un susurro, porque todo eso me daba vergüenza, así, en conjunto, y junto a ella. Se bajó en Yamaguchi y me quedé pensando qué es este mundo que alguien habla de su vida con el porcentaje físico o mental que tiene. ¿Y qué tal si la próxima vez, cuando vaya más despierta, le responda con la misma asertividad: y yo tengo un 24% de impaciencia, 83% de soberbia, 9% de torpeza y, por supuesto, un 7,8 de miopía y 4 de astigmatismo?

Al final, como dice Jean Vanier, todos somos discapacitados, pero a algunos se nos nota más.


martes, noviembre 10, 2009

Bronceado de Aconquija


Ahora que es formal, pasó los treinta y va de ejecutiva, nadie le creería que estuvo recolectando dichos en Aconquija ni reparando agujeros en las paredes de adobe. Tampoco sería verosímil lo de su viaje a la Isla, adonde fue a buscar la realidad de sus anhelos, donde entrevistó al trovador. Volvió del viaje y terminó contándoselo sólo a la peluquera: la utopía resultó ser pobreza y desesperación, y el trovador tomaba psicofármacos y vivía en Miami. Todo aquello, la vergüenza.

Desde entonces, cree que su pasado no es digno de ser conocido; por eso lo deja para alusiones pasajeras en reuniones tumultuosas, en las que el alcohol y las sustancias disimulan todo, y donde sus acotaciones son tapadas por el parloteo de los nuevos compañeros, yuppies y decadentes.

Hace poco, en alguno de esos after-offices, estuvo a punto de contar sus pasiones antropológicas, pero ahí nadie escucha a nadie ni mira a los ojos. Incluso ella duda de que sepan hablar bien. Apenas Marco lee un poco, y siempre sospechosos híbridos entre psicología y cuento oriental, una mezcla parecida a un tumor inextirpable. Pero es cierto, sólo él la escucha, y aunque siempre relacione lo que le cuenta con la mitología hindú, es lo más parecido a sus antiguos compañeros de ruta: esos locos rasposos y mugrientones que seguro ahora estarán llenándose las manos de tierra en alguna cueva patagónica, comiendo polenta a diario y repartiéndose en mil changas. Pero ella no, porque supo elegir. Se salvó de cirujear por ahí, se salvó del anonimato.

Todas las compañeras se operaron el busto este verano; ella hará lo mismo. Por suerte ahora es super normal, todo el mundo lo hace, la obra social lo cubre, no hay nada que temer... (Todas tendremos el mismo bra, la misma delantera y exacta indisposición de una semana en cama, deprimidas, porque duele y molesta, y porque todo el mundo se enterará de que no somos naturales).

El sueño dio un vuelco y ahora sí que es real: ser notaria en BCF, hacer de esos afters la vida social más intensa y de remate, viajar de nuevo a la Isla, pero esta vez en plan relax. Así se lo propuso al grupo, y salieron a festejar para planificarlo. Un viernes, después del workshop, se irán con sus valijitas traqueteantes, el pasaporte y los dolcegabbana haciendo juego con el tanned caribeño adquirido en la cama solar. No pasarán por esas partes de La Habana que irritan; irán directo a Cayo Largo o a Guardalavaca, sortearán la pobreza, tomaran mojitos para recordar. Y a ella le asaltará la desazón justo ahí, cuando entre reposera y reposera le pregunte a Marco qué está leyendo y él le diga: Sé tú mismo, sé feliz.